- El emprendedor empresarial, el emprendedor profesional y el emprendedor pasional.
Existen tres modelos clásicos de emprendimiento bien diferenciados. Ninguno es mejor que el otro pero son muy diferentes en su espíritu.
Al emprendedor empresarial le mueve su interés primordial por el desarrollo de empresas, inversiones y actividades de muy diversa índole, busca más la oportunidad de negocio y no vincula necesariamente sus propias aficiones o pasiones al ejercicio de su actividad.
Su vida personal está separada de su actividad empresarial.
El emprendedor profesional es aquél que a partir de su propio oficio o carrera desarrolla empresas vinculadas estrictamente a su área particular. Es decir, no se conforma con practicar su especialidad al amparo de una organización o empresa ajena sino que construye la suya propia.
Persigue su vocación (médico, abogado, arquitecto, carpintero o labrador) pero la mezcla con la función primordial de empresario y creador de empleo.
Y en tercer lugar está el emprendedor pasional. Este fusiona su vida personal con su actividad empresarial de una manera más íntima y probablemente antepone planteamientos pasionales (creatividad, personalidad, reinvención, por ejemplo) a los más racionales vinculados a la cuenta de resultados.
El emprendedor pasional busca en su iniciativa un vehículo de expresión personal, más cercana al placer de llevarla a cabo que al de ganar dinero como premisa fundamental de la empresa. Su empresa es su vehículo de realización y de satisfacción más íntimo y se fundamenta en su propia ensoñación. La empresa es un medio, no un fin en sí mismo.
Las normas y principios que rigen estas tres maneras de emprender son en muchos casos divergentes y en ciertos momentos convergentes.
Frase fromlostiana al respecto:
- Voy a montar la marimorena
- I am going to mount the marysuntan